Abdelkader EL FARSSAOUI
No todos los días se recibe a un embajador con una sonrisa diplomática y una agenda cargada de respeto mutuo. Pero ayer, 26 de marzo de 2025, en el corazón del Parlamento marroquí, el presidente de la Cámara de Representantes, Rachid Talbi Alami, abrió las puertas del diálogo a Marco Tulio Gustavo Chicas Sosa, embajador de Guatemala en el Reino.
El encuentro fue mucho más que una simple cortesía protocolaria. Se trató de un momento político donde la geografía dejó de importar y donde las distancias culturales se acortaron al ritmo de los intereses compartidos. En el centro de la conversación, el apoyo explícito de Guatemala a la integridad territorial de Marruecos y al plan de autonomía como vía seria y creíble para resolver el diferendo del Sáhara.
Pero más allá del gesto político, ambos responsables hicieron hincapié en algo que suele pasar desapercibido: el valor de la diplomacia parlamentaria. Se habló de puentes tendidos entre Marruecos y Guatemala, de intercambios legislativos, de aprendizajes comunes, y del acuerdo de cooperación firmado en mayo de 2016, un documento que sigue siendo una brújula en medio del ruido internacional.

El nuevo embajador retoma así una línea de continuidad institucional marcada por su predecesor, Erick Estuardo Escobedo Ayala, cuya labor fue ampliamente reconocida por las autoridades marroquíes y coronada con la condecoración del Wissam Alaui de la Orden del Comendador en 2024. Pero más allá de los reconocimientos oficiales, quienes lo conocieron de cerca lo recuerdan como un gran humanista y profesor brillante en la Universidad Mohammed V de Rabat, en el tiempo que compartió con los estudiantes, supo transmitir no solo conocimientos, sino también cercanía,sabiduría, afecto, respeto y pasión por el saber. Su paso, aunque breve, dejó una impronta sincera en quienes tuvieron el privilegio de aprender a su lado.
Su paso por Marruecos fue el de alguien que no solo representó a su país, sino que también se entregó a su vocación educativa con el corazón abierto.
No hubo poses, ni frases hechas. Hubo voluntad. La de dos países que entienden que el respeto a la soberanía y la no injerencia en los asuntos internos no son simples principios, sino fundamentos sobre los que se construyen las relaciones auténticas.
Rabat y Guatemala no solo se escucharon; se reconocieron. En tiempos donde la diplomacia muchas veces se reduce a tweets, este encuentro recordó que la política, cuando es seria, se escribe en conversaciones pausadas, lejos del espectáculo, pero cerca del futuro.






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